Repensar el populismo

En algunos medios se dice que “los neonazis son ahora la tercera fuerza política en Alemania” o que “Alternativa para Alemania es un partido neonazi”. Tal caracterización no solamente es incorrecta, sino irresponsable. Y esto lo afirmo por más de estar en contra del programa político y del ideario de Alternativa para Alemania.

     Hablemos con claridad: Alternativa para Alemania es un partido xenófobo y eurófobo, o sea, un partido que rechaza virulentamente la inmigración en suelo alemán y se opone al proyecto europeo de integración cultural, económica e institucional. Es, además, una fuerza política netamente populista, que explota el descontento, la frustración o simplemente la perplejidad ante un mundo que cambia del par de millones de alemanes que lo votaron o que, sin haber llegado a votarlo, simpatizan con alguno de sus principios.

     Un partido neonazi no puede existir en una democracia. El nazismo, de viejo o nuevo cuño, es incompatible con el sistema democrático. Es cierto que Hitler llegó al poder mediante el voto popular, pero una vez instalado en el poder actuó consecuentemente y transformó la democracia alemana en un sistema fascista y autoritario: él ya no era un representante elegido por el pueblo para gobernar, sino el líder que “naturalmente” emanaba del pueblo para conducirlo. Y lo mismo puede decirse de otros fascismos, como el italiano y, en cierta medida, el español.

     Asimismo, sostener que un partido es neonazi es identificarlo con un movimiento racista. Ni Alternativa para Alemania ni, para poner un ejemplo que me es más cercano, Aurora Dorada afirman que la raza aria o la raza helena sean razas superiores y que por lo tanto puedan y deban imponerse cultural y militarmente a las demás razas, consideradas inferiores. El nacionalismo, la xenofobia y el populismo son fenómenos alarmantes, pero no son idénticos al racismo, sobre todo cuando el racismo adquiere ribetes pseudocientíficos (recordemos que había una “biología nacionalsocialista”) y, pero aún, militaristas.

     Los nazis no eran solamente xenófobos, sin muchas otras cosas más. Además, su xenofobia no se traducía tan solo en la intolerancia y el rechazo a los inmigrantes (un “que se vuelvan a sus países de origen porque acá molestan”, tal como escuchamos en nuestros días), sino en el despiadado exterminio de las minorías.

     Con esta aclaración no trato de justificar de ninguna manera a fuerzas como Alternativa para Alemania –todo lo contrario–, pero sí de señalar la incorrección que comete el periodista o el analista político que usa el término “neonazi” sin mayor análisis.

     Decir frente al micrófono de una radio o escribir en un diario que la entrada en el parlamento de Alternativa para Alemania es un fenómeno preocupante es afirmar algo que comparto plenamente; pero sugerir que los nazis están de vuelta en el poder es algo descabellado. Ninguno de los de Alternativa tiene en vista volver a poner en funcionamiento los campos de concentración ni en rearmar militarmente a Alemania para una nueva aventura imperialista. Insisto: dentro del ámbito de partidos políticos que son pensables en una democracia, Alternativa para Alemania (y Aurora Dorada en Grecia, el Frente Nacional en Francia, etc.) se mueven en el límite, de allí que debamos estar atentos y ser vigilantes de los principios constitucionales, pero aún se encuentran “de esta parte” de la legalidad. La ultraderecha (como la ultraizquierda) se aproximan peligrosamente al margen de lo democráticamente posible, pero mientras no vayan más allá de lo debido son parte del espectro político de nuestros sistemas.

     Así, es irresponsable asustar a la gente declarando gratuitamente que los neonazis están en el poder, algo que fácilmente se traduce en la cabeza de muchos como: “los nazis han vuelto al poder; en consecuencia es posible una nueva era fascista y, probablemente, una tercera guerra mundial”.

     Los movimientos populistas, nacionalistas y, por ende, xenófobos han irrumpido en los últimos años porque los grandes partidos de centro (centro-izquierda y centro-derecha) no logran dar respuesta a millones de ciudadanos que se encuentran en una situación desesperante, sea por la precariedad económica en la que viven, por la inseguridad que experimentan en sus barrios o por la desorientación cultural. Los partidos populistas tienen recetas fáciles (si bien en la mayoría de los casos son de corta mira, cuando no ineficaces): nacionalizar la economía, cerrar las fronteras, incrementar el control policial y volver a los valores tradicionales.

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Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher and freelance writer based in Athens, Greece.
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