La novela y el cuento en la España contemporánea

Acabo de leer Contornos de la narrativa española actual (2000-2010). Un diálogo entre creadores y críticos, una antología de estudios y ensayos coordinada por Palmar Álvarez-Blanco y Toni Dorca. Las líneas que siguen no pretenden ser una reseña del libro, sino solo un par de notas sueltas.

narrativaespactual

El título de la obra indica ya algunos recortes que los coordinadores llevaron a cabo en relación con el objeto de estudio: la narrativa (o sea, la novela y, en menor medida, el cuento, no la poesía o el ensayo), la narrativa española (lo que excluye la narrativa latinoamericana pero incluye las narrativas españolas no escritas en castellano: la vasca, la catalana, la gallega, etc.), la narrativa española actual (esto es, la surgida en la primera década del nuevo milenio).

¿Por qué tomar el decenio 2000-2010 como unidad temporal? La respuesta es, a mi entender, algo arbitraria, pero los autores ven en el emblemático año 2000 el fin de una era y el comienzo de otra: el agotamiento del período de la Transición, iniciado en 1975 tras la muerte de Franco, seguido por la plena inclusión de España en la Unión Europea (en 1986), hasta llegar a ese tiempo (impreciso) en que comienza a desmantelarse en España (y en tantos otros países) el modelo socio-económico basado en el estado de bienestar: la década de 1990. En otras palabras, los coordinadores del volumen parten del supuesto de que con la llegada del nuevo milenio la sociedad española ha entrado definitivamente en una nueva fase: una fase política de pos-Transición y una fase económica de globalización neoliberal, con la consecuente precarización del empleo, flexibilización laboral, pérdida de beneficios sociales, etc.

Aclaro que el volumen fue publicado en 2011. Si bien es cierto que los efectos inmediatos de la crisis financiera mundial de 2008 y 2009 se sintieron inmediatamente en España, entonces era imposible avizorar los efectos a mediano plazo de ese cimbronazo, esto es, los efectos que se están viendo y viviendo ahora, en 2016, a un lustro de la aparición del libro.

El subtítulo de la obra (Un diálogo entre creadores y críticos) es engañoso, porque, en verdad, no hay un diálogo entre un bando y otro. De hecho, el libro está organizado en dos partes: hablan los críticos, primero, y hablan los creadores, después; pero diálogo, eso que se llama diálogo, no hay.

En la primera parte (la más larga), se encuentran los numerosos estudios de los críticos sobre distintos aspectos de la narrativa española actual (abajo señalo los que son, para mí, los tres ejes principales). En la segunda parte, en cambio, están los breves ensayos de algunos escritores actuales, muchos de los cuales, curiosamente, apenas son nombrados en los estudios de la primera parte, ya que no son los autores más representativos de la narrativa española actual (al menos, a los ojos de los críticos). Así, más que visiones complementarias nacidas de un diálogo, los estudios y ensayos son visiones independientes, por momento inconexas, sobre ese objeto tan amplio y tan vago como es la narrativa actual. (Si A ve el ajetreo de una calle desde la planta baja de un edificio y B ve ese mismo ir y venir desde el último piso, ambos siguen con la vista el mismo objeto pero desde perspectivas tan distintas que es difícil saber concretamente qué ven en común. Ahora bien, si el crítico es el que está en la planta baja y el escritor en las alturas, o viceversa, es algo para discutir en otro lado.)

En la introducción, los dos coordinadores proponen un eje de análisis que intenta agrupar la narrativa española actual en dos grupos enfrentados: la narrativa nostálgica y la narrativa antinostálgica. La “narrativa nostálgica” sería aquella aferrada aún a la época ya pasada (¿perdida definitivamente?) del estado de bienestar, de la euforia por la vuelta de la democracia y por la seguridad de una economía confinada mayormente a las propias fronteras, la España de los años ochenta y noventa. Esa narrativa, que según los coordinadores vuelve una y otra vez en nuestros días, tendría la función de un relato mitológico que buscaría crear la apariencia de seguridad y orden en un mundo, el neoliberal, que se destaca por generar inseguridad y caos. En cambio, el objetivo de la narrativa antinostálgica sería presentar brutalmente la nueva realidad social a los lectores, como quien –casi con un dejo sadomasoquista– mete una y otra vez el dedo en la llaga. La narrativa nostálgica sería, así, una forma de evasión o de escapismo (continuar el dulce sueño de una época ya sepultada), mientras que la narrativa antinostálgica representaría una modalidad del desengaño.

No sé cuán fructífero pueda ser, en el fondo, ese marco de análisis; lo que queda claro es que los restantes trabajos reunidos en el volumen apenas responden al eje propuesto por los coordinadores.

Otro problema, a mi modo de ver, es que los numerosos artículos de la primera parte no están agrupados por temas. El lector va saltando de una monografía sobre la novela actual ambientada en la Guerra Civil a un estudio sobre la industria editorial española de los últimos años para continuar con las voces femeninas en la literatura de tal o cual región española.

Ahora paso a los que, creo, son los tres ejes principales de las contribuciones.

(1) La memoria y la reescritura del pasado. El escrito de Txetxu Aguado, “Modelos emocionales de memoria: el pasado y la Transición” se centra en la narrativa actual que tiene por tema la transición política iniciada en España en 1975. Si en los primeros años ese proceso político fue visto –o fue presentado– como “ejemplar”, como “modelo a imitar” por otras naciones que volvían a la democracia tras un período oscuro de dictadura militar, con el paso del tiempo tal valoración fue puesta en entredicho. La novela ofrece, nos dice Aguado, un espacio particular para replantear las categorías con las que ha sido entendida esa etapa de la historia española, con el objetivo de proponer nuevas ópticas y dar lugar a otras voces (algunas brutalmente silenciadas o excluidas, aún en plena democracia). El tema de la memoria y la reelaboración del pasado aparece, así, como el principal eje del volumen y es retomado en la mayoría de los artículos.

En este ámbito se mueve asimismo el ensayo de Germán Labrador Méndez, “Historia y decoro. Éticas de la forma en las narrativas de memoria histórica”: la tesis es que, luego de años de haber prevalecido la visión “oficial” de la historia, (no sólo de la Transición, sino también de la Guerra Civil española y, posteriormente, del franquismo), visión presentada en innumerables discursos, manuales, novelas de consumo masivo, series televisivas, etc., va emergiendo últimamente otra visión –u otras visiones– que critican el carácter selectivo, parcial, sensiblero y, por momentos, cómplice de versión oficial. Porque en el fondo lo que está en juego, entre otras cosas, es, ni más ni menos, que la imagen que nos formamos de nosotros mismos como seres históricos. Como dice Sebastiaan Faber (“La literatura como acto afiliativo: la nueva novela de la Guerra Civil”): “En última instancia, la verdad histórica satisface una necesidad de autoconocimiento, considerado indispensable para el desarrollo futuro, sea a nivel personal o comunitario.” (p. 108)

Antonio Gómez López-Quiñones vuelve sobre el tema de la memoria en, tal vez, uno de los artículos más sagaces de la compilación, “La misma guerra para un nuevo siglo: textos y contextos de la novela sobre la Guerra Civil”. Por su parte, Edurne Portela destaca las similitudes que existen entre la reelaboración que últimamente ha empezado a llevarse a cabo en España y en Argentina, del franquismo en la primera y de la última dictadura militar, en la segunda. El gran desafío que enfrentan los nuevos autores está, nos dice Portela (“La escritura de la memoria en la nueva narrativa en español: una perspectiva trasatlántica”), en pensar las nefastas continuidades que pueden detectarse entre el pasado dictatorial, supuestamente enterrado, y el presente “democrático” (entre comillas). Así, la violencia y la represión continúan manifestándose, si bien bajo otras máscaras y dirigidas a otros sujetos. Por ejemplo, el inmigrante aparece en nuestros días como uno de los sujetos potencialmente subversivos y como elemento desestabilizador. El inmigrante termina siendo aceptado por la sociedad, concluye Palmar Álvarez-Blanco en “De etnomanías y otros terrores. Literatura e inmigración en la España del siglo XXI”, solo si logra insertarse en el sistema productivo de una economía que cada vez otorga más ámbito de maniobra a los capitales transnacionales en detrimento de la situación de las clases baja y media. La (triste) conclusión es que la indignación de los ciudadanos, de los Wutbürger, en vez de dirigirse a los verdaderos responsables de su precariedad –los poseedores y los administradores de los grandes capitales– se ensaña contra los inmigrantes y adopta la forma del populismo xenófobo.

(2) El mercantilismo y la profesionalización de la escritura. El segundo gran eje gira en torno al cambio radical operado en el mercado editorial español, cambio iniciado en los noventa y consolidado durante la primera década del nuevo milenio (tras la crisis financiera de 2008-2009 sería necesario matizar los impactos de algunos de los desarrollos que se vaticinaban en el libro). Tal cambio se tradujo en una pérdida del carácter “sacro” del libro, convertido hoy en un producto más de entretenimiento en la miserable sociedad de consumo. El escritor, para no quedar fuera del mundo editorial, debe ajustarse a las nuevas demandas del sistema, profesionalizarse, hacer uso frecuente y estratégico de los medios de comunicación para promocionar su obra, etc. Ramón Acín, en su “La edición a vuela pluma: ¿que veinte años son nada?”, señala los tres aspectos sobre los que volverán otros estudiosos: (a) la crítica ha dejado de servir de guía u orientación al lector/consumidor contemporáneo; (b) existe una cantidad estremecedora de libros publicada cada año, a lo que se suma una pluralidad inusitada de criterios para definir el valor de esos productos (como diríamos en criollo “hay pa’ todos los gustos” o, en inglés, anything goes); (c) lo decisivo se ha vuelto el número de las ventas, no la calidad de la obra (al menos, en la mayoría de los casos).

(3) La relevancia de la metaliteratura. El tercer y último gran eje de libro está constituido por el carácter metanarrativo de muchas narraciones contemporáneas. El punto está en discutir en qué medida la reflexión atenta y sincera sobre el mismo acto de escribir es la forma que debe adoptar el escritor para “ser fiel consigo mismo”, para “ser auténtico”. Esta dimensión aparece en Alberto Medina, “Entre patrias: Bolaño, escritura global y comercio de la ruina” y, más claramente, en el estudio de Nuria Morgado sobre Enrique Vila-Matas.

La segunda parte del libro, “Creadores“, se compone de numerosos ensayos (breves) de distintos autores españoles contemporáneos escritos, según parece, ex profeso para el volumen. Ya observé que no se da el diálogo que prometía el subtítulo de la obra, porque los creadores no hacen referencia a los trabajos de los críticos, ni estos se centran fundamentalmente en aquellos. Mi impresión, leyendo los ensayos de los autores, es que a estos les interesa sobre todo proponer una reflexión sobre lo que debería ser la buena escritura en el siglo XXI. Casi todos coinciden en que escribir bien es ser fiel a la propia voz (sea lo que sea eso de la “propia voz”). Igualmente, a todos les preocupa cómo hacer frente al mercantilismo y la profesionalización crecientes.

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Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher and freelance writer based in Athens, Greece.
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