Mis críticas al principio del doble efecto

Esta mañana releía el capítulo en el que trato el principio del doble efecto. Es cierto que toda acción humana tiene varios efectos, algunos directos y otros indirectos, algunos conocidos y otros ignorados, algunos buenos y otros malos. Es cierto también que si al obrar nuestra intención es buena, no se nos puede culpar por los efectos indeseados de nuestro acto (mientras exista una “proporcionalidad” entre el bien buscado y el mal causado, y mientras no hayan otras vías de acción). Pero, no obstante, sigo pensando que el principio del doble efecto es un “constructo” o, mejor, un artilugio para tratar de hermanar dos ideas irreconciliables: la idea de la santidad de la vida con la idea de que a veces no queda otra opción más que poner fin a una vida humana.

Por mi parte, no creo que la vida humana sea sagrada. Podemos, sí, verla como una gracia, como un don, como una maravilla… pero eso no significa que deba volverse algo “intocable”. Mi lema podría ser: respetar la vida humana, sí; considerarla como uno de los mayores bienes, sí; pero actuar guiados por la superstición, jamás.

Asimismo, pienso que es posible justificar de otras maneras la acción destinada a poner fin a la vida de una persona en casos como una guerra justa, la defensa propia, la eutanasia voluntaria.

Por otro lado, el principio del doble efecto tiene el gran problema de cómo determinar la intención que mueve al actor. ¿Cuál es la intención concreta del médico que le inyecta al paciente terminal una dosis “desproporcionada” de opiáceos? ¿Es la de terminar con la vida del paciente, o es “solamente” la de calmarle los dolores, aún cuando sepa que tal acción tiene una probabilidad elevada de causar la muerte? ¿No es acaso falso creer que detrás de nuestras acciones, incluso de las acciones más simples, se esconde una miríada de intenciones, intenciones que, para colmo, no siempre pueden ser delimitadas con precisión? ¿Cuál es, por ejemplo, mi intención cuando preparo la cena para esta noche? ¿La de alimentarme, la de alimentar a los míos, la de pasar un buen rato en compañía, la de cumplir un deber, la de repetir una costumbre? Con esto no quiero sugerir que la intención sea algo absolutamente indeterminable . Tampoco quiero insinuar que la intención no tenga importancia desde el punto de vista moral. Lo único que digo aquí es que el principio del doble efecto se basa sobre una concepción de la intención que me parece discutible.

Cuando un jardinero arranca la hierba que crece entre las flores, su intención última puede ser la de embellecer el jardín. Pero la intención puntual cada vez que agarra un manojo de hierbas y las arranca es justamente esa, la de arrancar la hierba. La intención general del jardinero (“embellecer el jardín”) no se degrada si reconocemos que la intención concreta en este momento es la de arrancar de raíz un puñado de hierbas.

Esto lo digo porque hay casos en los que se aplica el principio del doble efecto de manera muy problemática. Por ejemplo, hay clínicas que justifican la realización de un aborto alegando que la intención es la de salvar la vida de la madre puesta seriamente en peligro por el embarazo. Cuando el médico aquí aborta, puede por supuesto tener el objetivo último de salvar la vida de la madre, pero al obrar, esto es, al abortar, tiene la intención puntual de quitarle la vida al feto. El médico no actúa “automáticamente” ni tampoco actúa teniendo en mente siempre y solamente la intención global. Cada acción puntual se compone de acciones específicas, y cada una de estas acciones específicas tiene por detrás una intención concreta. Este es un hecho que no se puede desconocer, que casi diría que es obvio, aunque los defensores del principio del doble efecto hagan malabarismos para pasarlo por alto.

Bueno, hasta aquí mis críticas al principio… dejo abierto el tema a la discusión. ¿A alguien se le ocurren otras ideas?

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Acerca de Marcos G. Breuer

I'm a philosopher and freelance writer based in Athens, Greece.
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Una respuesta a Mis críticas al principio del doble efecto

  1. Creo que no has estudiado a fondo el tema del voluntario indirecto o de doble efecto, ni el tema de la responsabilidad.
    Actuar con buena intención no nos exime de la responsabilidad de nuestros actos, así como tampoco lo hace el desconocimiento de los efectos de nuestro actuar.
    Por otro lado el concepto de doble efecto no es una forma artificial de saltarse las reglas y seguir siendo buenos, por eso el principio de doble efecto tiene sus reglas de aplicación.
    Un ejemplo de la aplicación del doble efecto es amputar un miembro gangrenado a un paciente, este procedimiento tiene dos efectos, uno bueno y otro malo, el efecto bueno es salvar la vida del paciente y el efecto malo es que perderá el brazo. Éticamente es correcto llevar a cabo tipo de cirugías, ya que el bien que se obtiene es mayor que el mal que se tolera. En cuanto al tema del aborto me tienen que conceder que el mayor bien de la persona humana es la vida, por lo tanto desde el punto de vista de la ética filosófica el aborto inducido o la eutanasia son ilícitos y bajo ninguna circunstancia son válidos, ya que no hay ningún bien mayor a la vida.

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